| El Forjista La Revolución según Mariano Moreno Capítulo
10 Creación del Virreinato e importancia de Bs.As. |
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En 1776 se creó el virreinato del Río de la Plata como forma de frenar el avance portugués en la región. España se vio urgida a dar mayor atención a estos territorios a riesgo de perderlos, por lo tanto modificó su política que tendía a desatender la zona del Plata. En
1770 comenzaron las autoridades españolas a tomar medidas tendientes
a erradicar el contrabando, si bien estas no fueron del todo efectivas,
pero asestaron importantes golpes a los portugueses e ingleses. Fue
en ese año cuando se expulsó a los ingleses de las Islas Malvinas, el
foco de contrabando más importante del sur. En 1777 fue destruido el
fuerte de la Colonia del Sacramento, baluarte portugués para introducir
mercaderías en el Virreinato. Fue
en 1778 cuando se liberalizó el comercio entre España y sus colonias.
De Buenos Aires comenzaron a salir productos, especialmente cueros,
ingresando mercadería que era distribuida a todo el Virreinato.
La
declaración del libre comercio con España fomentó considerablemente
el comercio en América. Entre 1772 y 1776, es decir en los cincos años
previos a la creación del Virreinato, habían ingresado al puerto de
Buenos Aires tan sólo cinco buques, entre 1792 y 1796 llegaron nada
menos que 395 barcos. El
rubro de mayor exportación fue el de los cueros, con la declaración
del libre comercio tuvieron un incentivo espectacular. Hasta 1778 la
cantidad de cueros exportada por año ascendía a 150.000, luego creció
a 800.000 para llegar a 1.400.000 unidades en 1785. Sucesivas
medidas de las autoridades españolas incrementaron el comercio que beneficiaba
particularmente a la ciudad-puerto. En 1795 se permitió el comercio
con las colonias extranjeras y un año después se autorizó el tráfico
comercial con las naciones neutrales. Esta media permitió a Inglaterra,
que ese entró en guerra con España, burlar con bastante facilidad las
disposiciones legales, haciendo hondear la bandera norteamericana en
los mástiles de sus barcos. Con
las medidas señaladas, España concluía un período en el que había mantenido
a sus colonias en el más absoluto aislamiento, particularmente en aquellas
regiones que no constituían los focos de su interés comercial y de extracción
de minerales, esta actitud de la metrópoli había funcionado como un
involuntario proteccionismo de las artesanías y pequeñas industrias
de las zonas involucradas. En
1778 la población de Buenos Aires era de 24.000 habitantes mientras
que la gobernación de Tucumán albergaba a 150.000 personas, estas cifras
marcan con bastante claridad por donde pasaba el mayor peso económico
hasta ese momento, pero las medidas señaladas modificarán esa situación.
El poder de Buenos Aires fue creciendo con los años y se desarrollaron
en su seno, clases sociales vinculadas al comercio exterior, que obtuvieron
un gran poder económico, mientras el interior fue sometido a una creciente
marginación. Las mercaderías importadas que inundaron el interior empobrecieron
regiones que antes fueron prósperas. Los
ingresos de la aduana de Buenos Aires se duplicaron entre 1777 y el
año siguiente, casi aumentaron diez veces en los cinco años posteriores.
La ciudad-puerto estaba en una posición ventajosa para ser la distribuidora
de las mercancías importadas, ninguna otra región ofrecía estas facilidades.
Quedaron abiertos los mercados de las provincias interiores a la influencia
del puerto de Buenos Aires,
con el tiempo, esto provocó una economía deformada, con una gran cabeza
y un cuerpo debilitado. A
pesar de las trabas que el Virreinato del Perú oponía, para evitar el
desarrollo comercial por la vía de Buenos Aires, todas fueron inútiles
ante la liberalización que la misma España fomentaba por razones políticas
y militares. Desde
Potosí a Buenos Aires había que recorrer 1750 km. para los que se tardaba
unos dos meses. En cambio para llegar desde Lima a Potosí había que
ocupar cuatro meses para transitar los 2500 km. que las separaban. Los
productos que llegaban a Potosí desde Lima costaban entre cuatro y siete
veces más que las traídas desde Buenos Aires. Mientras
que las provincias interiores producían para el mercado interno, las
del litoral comenzaron a desarrollar como principal actividad la importación
y exportación. La
guerra con Inglaterra, separó a
España de sus colonias y la obligó a permitir el comercio de
ellas con naciones neutrales. En
1802 firmaron la paz pero sólo duró dos años, pasando el Reino
Unido a dominar los mares casi con exclusividad. Al
producirse la agresión británica en el Río de la Plata, sus comerciantes
invadieron los mercados de Buenos Aires y Montevideo. Desde le 4 de
febrero hasta el 4 de mayo
de 1807 ingresaron al puerto de Montevideo, 66 barcos ingleses. El
incremento del comercio porteño permitió el avance de un sector social
que dominó la escena política y económica más allá de la Independencia,
esta clase mercantil fue la criticada pro Mariano Moreno en la Representación
de los Hacendados. La
burguesía comercial, mayoritariamente española hasta 1810, se beneficiaba
con el comercio legal que obligaba a todos los comerciantes a estar
registrados para poder ejercer la profesión. Pero esto no fue impedimento
para que una buena cantidad de ellos, también se dedicara al contrabando,
en las épocas que los barcos españoles no llegaban o lo hacía espaciadamente. Los
hacendados, defendidos por Moreno en la Representación, no habían logrado
aún, el poder que tenían los comerciantes. Los hacendados debían caer
necesariamente en manos de los comerciantes que también eran prestamistas.
Aquellos que habían obtenido cierta fortuna era, por lo general, porque
también se dedicaban al comercio. La
zona de los grandes ganaderos estaba constituida por la Banda Oriental
y Entre Ríos, que contaban con las mejores aguadas naturales y no tenían
el peligro de los malones, estos campos estaban más valorizados que
los de Buenos Aires y Santa Fe. En estas zonas existían grandes extensiones
en pocas manos, pero muchas de ellas carecían de valor por la imposibilidad
de ocuparlas. El
comercio era la actividad socialmente más reconocida y de mayor rédito
económico durante la colonia, pues había que poseer poder político para
obtener el permiso para actuar en dicha actividad. A
medida que crecía el poder económico de la clase comercial, mayor era
su necesidad de adquirir bienes suntuarios en el exterior, de esa forma
se restaba divisas al comercio interno para el que producía el interior
del país. Los beneficios del trabajo nacional eran dilapidados por estos
grupos en artículos de lujo para su consumo particular, este comportamiento
es típico de los sectores oligárquicos que gobernaron nuestro país. La
burguesía comercial porteña era, en el momento de estallar la Revolución,
la clase dominante en la sociedad virreinal. Eran españoles en su gran
mayoría, algunos mantuvieron ese poder luego de 1810 adaptándose a las
circunstancias políticas, a la vez que se incorporaron criollos a la
actividad, pero su comportamiento no se diferenció en nada de los españoles
que se beneficiaron antes de la Revolución. Aún
los hacendados no tenían el poder político y su espacio económico estaba
acotado por la influencia de los comerciantes a los que debía recurrir
para obtener la colocación de sus productos. |