El ForjistaLa Revolución según Mariano MorenoCapítulo
5 - Las invasiones inglesas |
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Por la Paz de Utrech firmada en 1713, España le permitió
a Inglaterra introducir esclavos en sus colonias, por cada esclavo,
los traficantes ingleses se comprometieron a pagar una contribución
al Rey de España. Así la corona española quedaba asociada a los esclavistas
británicos que hicieron del comercio de carne humana uno de los negocios
más redituables.
El
mismo tratado permitió a los ingleses la instalación de asientos en
las colonias hispánicas y la distribución de mercaderías en navíos de
permiso. Fue así como los ambiciosos comerciantes ingleses concretaron
su intención de penetrar en las colonias españolas, ya sea con el comercio
permitido o con el contrabando.
Durante
el siglo XVIII, Francia e Inglaterra compitieron por los dominios de
sus imperios, y con la mira en las preciadas colonias hispánicas, alternativamente,
España jugó el papel de aliado menor de una de las dos potencias que
se disputaban el control mundial.
Los
gobiernos francés e inglés financiaban las tropelías de los piratas
que asolaban los mares, con este mecanismo fueron construyendo su poderío
estas naciones, que lograron en base al saqueo más descarado y a una
industria que por aquellos años alcanzó niveles de importancia.
Con
la independencia de los Estados Unidos de América, ayudado por Francia
y España, Inglaterra perdió un mercado fundamental donde ubicar sus
manufacturas y obtener las materias primas de su floreciente industria.
Se
convirtió un asunto de crucial importancia para comerciantes e industriales
ingleses, introducirse en las colonias españolas sin ningún tipo de
impedimento. Junto con sus manufacturas, Inglaterra comenzó a exportar
su teoría del librecambio, pues a esa altura su industria y su flota
de mar no admitían competencia, Francia y España marcharon aliadas hasta
la revolución popular desatada en la península por la invasión napoleónica.
La
teoría del librecambio, no es otra cosa que un producto de exportación
de una gran potencia que necesita expandirse y voltear fronteras para
la introducción de sus mercancías, sin embargo aquellos países con voluntad
nacional y deseosos de ser respetados, ponen obstáculos al
indiscriminado ingreso de mercaderías
importadas, que impiden el desarrollo industrial, así lo demostraron
de sobra los Estados Unidos cuando en 1806 prohibieron la importación
de un importante número de productos ingleses.
En
1803 estallaba la guerra entre Francia e Inglaterra, mientras España
permaneció neutral en un principio, pero un año más tarde, el apresamiento
de cuatro fragatas españolas, la obligaron a declarar la guerra a Inglaterra.
En
octubre de 1805, Inglaterra obtiene el triunfo de Trafalgar, venciendo
a las flotas de España y Francia quedando como única dominadora de los
mares, pero poco tiempo después en Austerlitz, Napoleón consigue el
triunfo pasando a tener el predominio sobre el continente europeo. Finalizaba
1806 cuando Napoleón firmó el decreto de bloqueo continental, así la
situación de la industria inglesa se hacía crítica, necesitando imperiosamente
nuevo mercados.
El
12 de octubre de 1805 se reunieron, el primer ministro inglés William
Pitt, el primer Lord del Almirantazgo, vizconde de Melville y el capitán
sir Home Popham, la junta dio lugar a un memorando donde se fijó el
plan para la toma de Buenos Aires.
En
enero de 1806 una expedición inglesa ocupó la colonia holandesa del
Cabo de la Buena Esperanza al mando de David Baird, en la misma participó
Popham quién convenció a Baird para que le permitiera concretar su aventura
colonialista en el Río de la Plata.
Home
Popham pensaba que la empresa sería muy fácil basándose en informes
que le hacían llegar sus espías, por cierto que no consideraba el sentimiento
del pueblo de Buenos Aires, que no quería cambiar de amo sino dejar
de tenerlo, como afirmó Manuel Belgrano.
Uno
de los aspectos todavía discutido por los historiadores está referido
a la cuestión sobre la responsabilidad
de la invasión, si recaía en una aventura de Popham o en el gobierno
inglés. Nosotros creemos que lo segundo es lo correcto, pues si bien
la oportunidad la decidió Popham, sin haber recibido una orden concreta,
lo real es que ya existían planes de las máximas autoridades para agredir
el Río de la Plata y porque la política inglesa dejaba librado a la
voluntad de piratas y aventureros muchas de las tropelías
coloniales.
Por
otra parte, el júbilo mostrado por el gobierno inglés al recibir la
noticia de la ocupación de Buenos Aires, evidenció que en ningún momento
le resultó antipática tal empresa, lo que le
disgustó en definitiva fue el resultado final de la expedición.
Popham
fue criticado e incluso se lo obligó a regresar a Londres pagándose
su propio pasaje, una vez que se conoció la noticia de
las derrotas de las armas británicas. En ningún momento, mientras
el éxito parecía seguro se le ordenó dar marcha atrás en su intento.
Para desgracia del oficial inglés, en 1806 murió Pitt, primer ministro
del que era amigo.
Adherimos
a lo señalado por Ernesto Palacio en el sentido que el objetivo de hacer
recaer la responsabilidad en un subordinado era para salvar el prestigio
de las armas inglesas, derrotas por un pueblo con voluntad patriótica
y casi sin tropas regulares, a la vez que la actitud del gobierno inglés
respondió a la ya tradicional política de la diplomacia británica
de tirar la piedra y esconder la mano.
Popham
sólo fue un producto de esa nación colonialista a la que le cabe toda
la responsabilidad en este caso, como en muchos otros que se sucedieron,
donde Gran Bretaña mostró su verdadera cara muy diferente a la que su
diplomacia intentó imponer como abanderada de la Libertad.
Primer intentoEl 9 de junio de 1806 el vigía de Maldonado advertía al gobierno de Buenos Aires de la inquietante presencia de la escuadra inglesa muy cerca de las costas, ocho buques la componían. El
virrey Sobremonte no tomó medidas extraordinarias ante la proximidad
de peligro, sólo atinó a mandar tropas a Montevideo, pues pensaba que
ese podía ser el objetivo inglés. El 24 a la noche estando en el teatro
debió abandonar presurosamente la función ante la noticia del inminente
desembarco, se sumió en la incertidumbre más absoluta y optó por huir
hacia Córdoba.
El
25 de junio los británicos, al mando de Beresford, desembarcaron en
Quilmes. Sin resistencia, sólo con algunas escaramuzas, los invasores
rinden la ciudad, ante la sorpresa y la indignación de la población.
El
Tesoro Real de la ciudad que había salido junto con Sobremonte cayó
en manos de los ingleses, estos prometieron que no saldría de Buenos
Aires, pero por lo general los conquistadores no muestra mucha preocupación
por cumplir sus promesas. El tesoro fue despachado rumbo a Londres,
en la capital fue paseado como botín de guerra ante el júbilo del pueblo
inglés que festejó su paso,
hasta que fue depositado en el Banco de Inglaterra.
A
las tres de la tarde del 27 de junio, Beresford tomó el Fuerte y al
día siguiente ya hondeaba la bandera inglesa en la ciudad para vergüenza
de sus habitantes.
El
general inglés firmó una proclama donde daba seguridades sobre las siguientes
cuestiones: administración de justicia, respeto de la propiedad privada,
y la religión católica; y en forma muy especial aseguraba que el librecambio
era el verdadero interés de la invasión. Beresford prometió el librecambio
“al igual que las otras colonias inglesas”.
Popham
escribió inmediatamente a funcionarios y comerciantes de su país para
que iniciaran a la brevedad el comercio con la nueva colonia, gran cantidad
de barcos zarparon rumbo a Buenos Aires repletos de manufacturas, las
cuales deslumbraron a las clases acomodadas de Buenos Aires y Montevideo.
Impusieron
la rebaja de impuestos, el de exportación de cueros en un 50%, los derechos
de importación pasaron de un 34,50%
a un 10%, se permitió la entrada de productos manufacturados que antes
estaba prohibida y sólo se introducían por vía del contrabando.
La
hipocresía del gobierno británico se evidenciaba en la carta del almirantazgo,
que al conocer la noticia de la ocupación, expresó su “desaprobación
a que una medida de tanta importancia hubiera sido adoptada sin la sanción
del gobierno de su majestad” pero a la vez marcaba su “completa aprobación
a la conducta juiciosa, capaz y animosa demostrada” por Popham y los
que estuvieron a sus órdenes.
No
entendemos la actitud de algunos historiadores argentinos que intentaron
salvar la responsabilidad de la Corona Británica, ya vemos que el almirantazgo
sólo cuestionaba asuntos meramente formales, mientras apoyaba el accionar
de los agresores, a la que denominaba “conducta juiciosa”.
Los
diarios londinenses no ocultaron su alegría ante la noticia de la ocupación
de Buenos Aires, el Times en sucesivas ediciones informaba sobre la
incorporación de la ciudad al Imperio, en sus páginas
se podían leer cosas como esta: “Tal es la fertilidad del suelo,
que Buenos Aires, en poco tiempo, será probablemente el granero de Sudamérica...
“.
Por
decreto del 7 de julio se ordenaba a los esclavos obedecer a sus amos,
pues se había verificado que algunos de ellos pretendían liberarse.
La medida resultaba coherente para una potencia esclavista.
La
actitud de la población hacia los invasores fue muy diversa, mientras
que algunos funcionarios coloniales aceptaron pasivamente la nueva situación
e incluso hubo criollos que apoyaron a los invasores, la mayoría de
la población participó de la Reconquista.
Ni
bien ocuparon la ciudad, los británicos comenzaron una tarea de propaganda,
crearon algunas logias masónicas, Estrella del Sur fue la más importante,
y de la que participaron Saturnino Rodríguez Peña y Aniceto Padilla,
quienes ayudaron a escapar a Beresford cuan se encontraba detenido en
Lujan, a partir de ese momento ambos comenzaron a actuar a sueldo de
los ingleses.
Invitados
a jurar lealtad al nuevo rey concurrieron el clero en pleno, salvo algunas
excepciones. El Cabildo también cumplió el ritual exigido, de igual
forma respondieron los integrantes del Consulado, sin embargo fue notoria
la ausencia del secretario del organismo, Manuel Moreno , quine prefiere
huir a la Banda Oriental
antes de jurar lealtad al rey inglés.
La Audiencia se negó a concurrir a este vergonzoso acto.
Algunos
jefes ingleses fueron invitados a alojarse en las casas de las familias
distinguidas, no era extraño ver pasear a alguna jovencita de esa acomodadas
familias del brazo de un oficial inglés. Otras familias adineradas optaron
por irse a sus quintas en las afueras de la ciudad, esta no era su guerra
ni su problema, sólo querían tranquilidad personal.
Pero
la inmensa mayoría de la población, una vez pasada la sorpresa, se abocó
a preparar la resistencia, la hostilidad de este sector hacia los invasores
fue total, como ellos mismos le reconocieron luego.
Los
pobladores comenzaron a trabajar a los británicos, particularmente a
los católicos, obteniendo la deserción de algunos, esto causó preocupación
en Beresford, al punto que el 19 de julio amenazó con la pena de muerte
a quién indujera a la deserción entre la tropa ocupante. Algunos centinelas
aparecieron muertos producto del accionar de la resistencia popular.
La
opinión de Beresford no dejó dudas con respecto a la opinión de los
habitantes de la ciudad: “...aunque el pueblo no desea soportar el yugo
de España, menos aún quisiera soportar el de otra nación...”. Belgrano
afirmó algo similar en su Autobiografía al recordar la entrevista con
el general Craufurd durante la segunda invasión “Nosotros queríamos
al Amo viejo, o ninguno”.
El
general Gower declaró ante el tribunal que juzgó el comportamiento de
los oficiales ingleses : ”...jamás habría podido creer que hubieran
sido tan implacablemente hostiles como por cierto lo eran ... no creo
que haya habido un solo hombre, realmente adicto a la causa británica
en la América Española”.
Mientras
que el teniente coronel Duff dijo “Estaba en medio de una ciudad donde
todos eran enemigos, desde el hijo de la vieja España hasta el negro
esclavo”. No podía causar sorpresa la oficial británico que los esclavos
odiaran a sus compatriotas, los que cazaban a los humanos de raza negra
en África para venderlos por el mundo.
Recuperados
de la sorpresa inicial , españoles y criollos se dispusieron a rechazar
al enemigo, con este claro fin, comenzaron a organizarse. Al mando de
Pueyrredon, el paisanaje de las afueras de Buenos Aires se dispuso a
enfrentar a los invasores, sin embargo el 1° de agosto son vencidos
en Perdriel, obligándolos a dispersarse, pero sin recibir bajas de consideración.
Liniers
se había traslado a Montevideo , el gobernador Ruiz Huidobro lo puso
al mando de 900 hombres. Con este contingente desembarcó en el Tigre
el 4 de agosto, a poco
de andar se le unieron los combatientes de Pueyrredon , de todas partes
concurrieron hombres para integrarse al ejército libertador, ya nadie
quería aguantar ni un solo día más el yugo inglés. El 12 de agosto,
las tropas estaban listas para el ataque final, se dividieron en dos
columnas, una atacó por la calle que actualmente se llama Reconquista,
y la otra por San Martín.
Los
ingleses no resistieron el ataque demoledor y se vieron obligados a
rendirse ante las pérdidas sufridas, las que ascienden a 300 hombres
entre muertos y heridos. Luego de 46 días de ocupación, Buenos Aires
fue recuperado por sus habitantes. Beresford fue apresado y enviado
detenido a Luján.
El
pueblo, activo participante de la Reconquista, decidió dos días después,
en Cabildo Abierto, pronunciarse contra la actitud del virrey Sobremonte,
nombrando a Liniers como jefe militar de la ciudad. Consecuentemente
con el valor demostrado en el combate contra el enemigo y desconfiando
de la actitud de ciertas autoridades, el pueblo de Buenos Aires actuó
sin consultar a España, fueron estos los primeros pasos hacia la soberanía.
Dentro
de ciudad ocupada, hombres y mujeres se habían organizado para echar
a los agresores, cuando las tropas de Liniers atacaron, salieron a la
luz y fueron un factor decisivo del triunfo. Ya no era posible decirles
que el gobierno de sus destinos no era de sus incumbencia.
Segunda InvasiónRechazados
en Buenos Aires, la escuadra inglesa esperó en el Río de la Plata para
ser reforzada, a la vez bloqueaba el puerto de Montevideo.
El
ejército inglés llegó a tener 12000 hombres, a principios de 1807 tomaron
el puerto de Maldonado y de ahí atacaron Montevideo, obteniendo el control
de la ciudad. Sobremonte que estaba en la Banda Oriental trató de oponer
resistencia pero fue nuevamente derrotado, debiendo huir otra vez.
El
6 de septiembre de 1806, Liniers llamaba a todos los hombres aptos para
la milicia, decisión por la que creó el primer ejército nacional.
El
3 de febrero de 1807 al ser ocupada Montevideo, el gobernador Ruiz Huidobro
junto a otros oficiales fueron enviados
a Inglaterra, Mientras tanto una nave española que logró evadir
el bloqueo, llegó a Buenos Aires con la noticia de que el rey nombraba
a Ruiz Huidobro como nuevo virrey, además ascendía a Liniers al cargo
de brigadier de la Real Armada. La Audiencia se reunió y decidió nombrar
a Liniers como virrey interino, pues el designado estaba detenido.
El Cabildo convocó a una junta de guerra donde destituyó a Sobremonte por “imperito en el arte de la guerra e indolente en clase de gobierno”. El 10 de febrero de 1807 se reunió un Congreso General de la Audiencia, el Cabildo, los obispos, el Consulado, los jefes militares y los vecinos principales para confirmar la medida y resolvió el arresto de Sobremonte. Achmuty,
el oficial inglés que se hizo cargo del gobierno de Montevideo, se convenció
de la hostilidad de los criollos y españoles hacia los británicos, en
carta al Ministro de Guerra le decía que “cada habitante es un enemigo”.
Pero
la enemistad de los pueblos hacia los invasores no los hizo desistir
de sus planes, y el 26 de febrero exigieron la rendición de Buenos Aires,
recién el 2 de mayo el gobierno de la ciudad respondió negativamente
a la soberbia de los ingleses que creían que esta vez estaban en condiciones
de rendir a la belicosa ciudad.
Los
comerciantes llegaron por bandadas a Montevideo con infinidad de productos,
abrieron varios locales con la firme decisión de introducir sus mercancías
en el Virreinato mediante el contrabando, alguno de esos productos lograron
ingresar en Buenos Aires.
Como
ya lo habían hecho en la otra margen del Río de la Plata con anterioridad,
en la Banda Oriental los ingleses realizaron una activa tarea de propaganda
con vistas a ganar adeptos, crearon un periódico que se editaba en inglés
y castellano llamado la Estrella del Sur, el cuál funcionó entre el
23 de mayo y el 11 de julio.
Cuando
se consideraron con el poderío suficiente decidieron el nuevo ataque
contra Buenos Aires, el 28 de julio de 1807 desembarcaron en la ensenada
de Barragán comenzando el avance hacia la ciudad. Unos días después
las tropas la mando de Liniers le salieron al encuentro en los Corrales
de Miserere, ahí el triunfo correspondió a los invasores.
Al
llegar la noticia a la ciudad la tristeza invade los corazones por la
derrota, sin embargo esto no impidió que se aceleraran los trabajos
defensivos, se cavaron trincheras, se apostaron hombres en las azoteas,
se patrullaban las calles, en fin, se tomaron todas las medidas necesarias
para hacer frente al enemigo, Alzaga uno de los comerciantes españoles
más adinerado, encabezó la organización de la resistencia.
Liniers
regresó a la ciudad con algunos hombres que había conseguido reunir
y se puso al frente de la defensa. El 5 de julio los ingleses atacaron
al mando de John Whitelocke, al comienzo obtuvieron algunos triunfos
parciales, logrando tomar el Retiro, pero al inglesar al casco urbano
son recibidos con toda clase de proyectiles, inútil fue para los frustrados
conquistadores intentar por segunda vez imponer su voluntad en la orgullosa
Buenos Aires, la mitad del ejército sufrió bajas entre muertos, heridos
y prisioneros.
El
7 de julio se firmó la capitulación, en la que los ingleses se comprometían
a abandonar Buenos Aires y Montevideo. El 13 de julio los británicos
abandonaron Buenos Aires y el 7
de septiembre, Montevideo.
Por
segunda vez, la soberbia británica se había estrellado contra la voluntad
patriótica de un pueblos con medios muy inferiores y sin ayuda de la
Corona española. Inglaterra era una potencia y la absoluta dueña de
los mares y había sido derrotada.
Mientras
esto ocurría en el Río de la Plata , en Europa, Francia y España firmaron
el tratado de Fontainebleu en el cuál se repartían Portugal, aliado
y dependiente de Inglaterra.
El
19 de noviembre de 1807 las tropas francesas ingresaron en territorio
portugués, luego de cruzar España. Los ingleses exigieron al regente
de Portugal que se embarcara de inmediato hacia el Brasil. Casi simultáneamente
que las tropas francesas ingresaban a Lisboa, los Braganza se embarcaron
para cruzar el Atlántico.
Consecuencias de las invasionesVariados efectos trajo aparejado el doble intento de ocupación del Río de la Plata, una de las cuestiones más importante es este acontecimiento lo señaló Abelardo Ramos : “La primera manifestación de la guerra nacional en el Río de la Plata fue la reacción popular contra las invasiones inglesas en 1807. En esa lucha debe buscarse el origen de nuestro ejército que nació combatiendo a las tropas británicas.”. Las
necesidades de defender el Virreinato de los ataques enemigos y dada
la ineficiencia mostrada para evitar la ocupación inglesa, se determinó
nombrar a Liniers para que comenzara los trabajos de organización del
ejército, el bando que se dio a conocer convocaba a los vecinos entre
16 y 50 años.
El
ejército se organizó, agrupando a los vecinos de acuerdo a sus lugar
de origen o raza. Fue así que se formaron los batallones de patricios,
procedentes de Buenos Aires; los arribeños formado por los hombres del
interior; el de pardos y morenos; a la vez que los españoles se agruparon
en los cuerpos andaluces, catalanes, gallegos, vizcaínos y montañeses.
Estos
regimientos tenían un sistema democrático, cada cuerpo elegía a sus
jefes, quienes a la vez designaban a su plana mayor, de esta manera
fue elegido Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios.
Los
recursos para solventar los gastos requeridos para mantener a las tropas
se obtuvieron mediante el aporte de los comerciantes porteños. En octubre
de 1807 ya se contaba con un contingente de aproximadamente 8100 hombres,
de los cuales unos 5100 eran criollos, casi todos eran voluntarios.
Como puede observarse la relación de fuerzas era decididamente favorable
a los criollos, quienes a partir de ese momento estuvieron armados,
además contaban con una nueva forma de organización democrática que
ni remotamente pudieron acceder anteriormente con siglos de dominación
española. Un gran cambio comenzaba a operar en la sociedad colonial.
Las
instituciones españolas habían demostrado su inutilidad para hacer frente
a la agresión inglesa, y para peor el comportamiento de muchos de sus
funcionarios habían huido a habían corrido a jurar lealtad al rey británico.
La
Corona española tampoco había demostrado demasiado interés por el destino
de sus colonias, según Saavedra, desde España se había contestado ante
un requerimiento de refuerzo efectuado por Liniers, que se arreglara
como pudiera.
La
primera institución cuestionada por el pueblo porteño, fue el de la
máxima autoridad, es decir al virrey. El 14 de agosto de 1806 se exigió
al Cabildo Abierto la cesantía de Sobremonte y su reemplazo por Liniers,
mientras que el 6 de febrero de
1807 el Cabildo presidido por Alzaga destituyó a virrey y determinó
su encarcelamiento en la Banda Oriental.
Sólo
la iniciativa de los vecinos hizo frente al invasor, la creación de
ejército con un importante componente criollo y una acentuada participación
en las decisiones del gobierno fueron una clara demostración del impulso
que significó al pueblo asumir su propia defensa. El camino de la soberanía
popular comenzó a transitarse por aquellos días, los criollos comprendieron
en donde estaba la fuerza y que sólo podían confiar es sí mismos.
Moreno y las invasionesMoreno ocupó su tiempo, durante las invasiones, redactando sus impresiones de los acontecimientos que se desarrollaron ante sus ojos, no quiso tener otra ocupación que esta, dejando como ya vimos su actividad profesional. En su escrito reflejó el estupor de los habitantes de Buenos Aires ante la facilidad con que los ingleses lograron someterla, se preguntaba como era posible que 1600 soldados pudieron tomar una ciudad de 60000 almas, en apenas 48 horas. Criticó severamente a los responsables de la seguridad, comenzando por el mismísimo virrey, cuya conducta mereció la reprobación unánime de los porteños. A Sobremonte le criticó haberse negado a recibir refuerzos , con anterioridad a la invasión, alegando contar con tropas suficientes; remarcó la ineptitud del virrey al enviar las tropas más experimentadas a Montevideo, descuidando Buenos Aires. Moreno no escatimó calificativos para el huidizo virrey. Pero sus críticas no terminaban en Sobremonte sino que se extendía a los oficiales españoles que tuvieron la misión de defender la ciudad : “La plaza tenía mil medios de defensa; y quinientos de los nuestros bastaban para acabar a los enemigos que habiendo ya pasado a esta orilla, habían tomado una posición donde no podían obrar absolutamente; pero teníamos la fortuna de que los oficiales de plana mayor eran tan militares como el marqués”. Esta ironía para el marqués de Sobremonte y sus oficiales, no ocultaba que el cuestionamiento a los hombres también significaba poner en la picota al régimen es su conjunto. ¿Qué clase de dominio era el español que no podía dar la menor seguridad a sus súbditos? Contrastaba a simple vista, la firme decisión soberana del pueblo, con la cobardía y la ineptitud de los gobernantes, precisamente en momentos cruciales como lo fueron las invasiones. El sentimiento de Moreno, como el del resto de los porteños quedó expresado en este párrafo: “Yo he visto en la plaza llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro algunos, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar 1560 hombres ingleses, que apoderándose de mi patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de esta ciudad”. Como vemos, no dudaba en calificar de “infamia” el comportamiento de los gobernantes, y llamando, lisa y llanamente, de “entrega” a la toma de la ciudad. Para Moreno como para otros los ingleses se vieron favorecidos por el comportamiento de las autoridades españolas. Entre los manuscritos de Moreno fueron encontrados, entre otros, un documento donde justificaba el reemplazo de Sobremonte, este documento posiblemente haya circulado en 1806 como anónimo, se desconoce si el mismo es el original o una copia, pero lo cierto es que Moreno aprobaba su contenido. Decía este escrito: ”Si a pesar de haber sido conquistada la Ciudad por otro, no se temiera nueva invasión de los Enemigos: es decir, si la Guerra hubiera acabado, ó los ingleses hubiesen salido tan escarmentados, que probablemente, no se pudiera recelar que les quedase ganas de volver, convengo, que sin embargo del descuido, y abandono con que Sobremonte miró a Buenos Aires, podía tolerarse volviese a ejercer el cargo de gobernador y Capitán General, porque en este caso no había que temer de parte de los enemigos externos. Más hallándose la ciudad amenazada de una nueva invasión, con el socorro que se sabe pidió el General Inglés al Cabo, o con el refuerzo, que es natural, le envíe de Londres el Ministerio Inglés en virtud del Parte que le dio, de haber tomado felizmente la Plaza con un puñado de hombres; y habiendo al fin salido, aunque deshonrados, siempre ventajosos con los caudales que el marqués les envió, y otros que ellos se tomaron; los cuales se dieron prisa de poner inmediatamente a salvo, no sería prudencia, ni acertado en estas circunstancias volver a confiar la defensa de la Plaza a un jefe, que la miró con tanta indiferencia la vez pasada. Se sabe que los oficios no se han creado en España para acomodar las personas, sino para que las personas sirvan y desempeñen los oficios”. Hemos citado extensamente este documento para poner en evidencia el pensamiento de Moreno, que no por casualidad participó en el derrocamiento de los últimos tres virreyes del Río de la Plata. No se limitó a cuestionar el sistema colonial sino que defendió la participación popular en los acontecimientos posteriores a las invasiones y que concluyeron con la destitución de Sobremonte y el ascenso de Liniers. Por eso no resulta extraño que el citado escrito dijera: “En este conflicto se hace indispensable tomar algún partido. ¿Y cuál otro más oportuno, fácil y acertado se puede tomar, que el que eligió el Pueblo? Es a saber, confiar la custodia, y conservación de la Ciudad al que la supo librar de las manos del Enemigo”. Más adelante puntualizaba : “Y que el peligro inminente, y la necesidad que aprieta no admite dilación, confiere mando, poder, y jurisdicción al que no la tiene, por cuanto entonces nos apartaron con razón de las reglas del derecho. Estas doctrinas aplicadas al caso presente hacer ver que el Público de Bs. As. no anduvo tan descaminado, cuando por haberlo desamparado el Marqués de Sobremonte, y dejándolo hecha presa del Inglés, piso los ojos en Dn. Santiago Liniers, para que lo libertase de tan grave opresión, y lo guardase, y defendiese en adelante”. Esto fue una constante en Moreno, asumir la defensa de la soberanía popular por sobre las leyes que impedían su libre expresión. |