El Forjista

El golpe de estado de 1955

Características de la oposición

El triunfo electoral peronista de 1946 y luego en 1951 dejaron muy claro a la oposición que era casi imposible derrotarlo por medio de las urnas, por lo tanto sólo les quedaba la opción de vencerlo por las armas, o sea al margen de la Constitución, pero para ello era necesario demostrar a priori que era precisamente el peronismo quién no respetaba la ley fundamental. Nunca se pudieron recuperar de la sorpresa de la derrota de 1946, desde ese momento se pusieron a conspirar para derrocar al gobierno popular.
Si en determinado momento encontraron la bandera del petróleo o del conflicto con la Iglesia no fue sino una excusa para derrocar a un régimen al que no podían vencer por otros medios. Abelardo Ramos llegaba al fondo de la cuestión al señalar por agosto de 1955: “No lo han podido voltear como fascista, ni como comunista, ni como ‘clerical’ ¡ahora quieren derrocarlo como hereje! Es el imperialismo el que usa estas máscaras sucesivas para aniquilar no sólo a un hombre, sino, ante todo, a las conquistas fundamentales realizadas por la clase obrera argentina en el curso de la revolución democrática. El motín del 16 de junio se inserta en esta serie causal, que demuestra hasta el crimen el designio imperialista de concluir de una vez por todas con el ‘peronismo’, esto es, con la revolución”. (1)
Los partidos del régimen oligárquico no perdonaron jamás a Perón y tampoco perdonarían a aquellos políticos que intentaron un acercamiento a su gobierno. El 1° de febrero de 1952 el socialista Enrique Dickmann se reunió con el general Perón, lo cuál no pudo ser soportado por la dirigencia antiperonista del Partido Socialista que junto a los radicales y conservadores llevaban la iniciativa de la lucha contra el peronismo, tres meses después Dickmann fue expulsado de su partido lo que dio origen al primer intento de izquierda nacional con la creación del Partido Socialista de la Revolución Nacional conformado por hombres y mujeres de distintas procedencias de la izquierda y que apoyaban críticamente al gobierno.
Algo similar le pasó al conservador Pastor quién se entrevistó con Perón el 10 de marzo de 1953 pero cuando informó al Partido Demócrata de lo tratado en la reunión fue separado de la conducción del partido.
En el Partido Comunista las mañas stalinistas de Codovilla se descargaron contra Juan José Real, secretario de organización del PC y que intentó un acercamiento al partido gobernante. Moscú y Codovilla se disgustaron y expulsaron a Real en febrero de 1953 acusándolo de desviacionista. (2)
Una y otra vez los partidos opositores boicoteaban los actos del peronismo, por ejemplo se ausentaban a los actos de homenaje por la muerte de Eva Perón o se levantaron cuando tuvieron que ungir a Perón en 1946 luego de la limpia elección.
Desde el P.C. hasta el conservador Partido Demócrata conspiraban contra el hombre electo mayoritariamente por el pueblo, que precisamente vino a concluir los negociados de la oligarquía que marcaron toda la Década Infame con la complicidad de los partidos tradicionales.
En general, la oposición a Perón ha jugado el papel de víctima y ha tratado de presentar al gobierno como hostigándolos y persiguiéndolos, en realidad desde el mismo día de su asunción comenzaron a conspirar, cualquier intento conciliador surgido desde el seno de sus propios partidos era duramente castigado.
Un sector extremista de la oposición conformó los Comandos Civiles, los cuales se organizaron como auténticas células terroristas, cuando se estudia la violencia en nuestro país por lo general se “olvidan” de incluir a estos grupos antiperonistas. Uno de los actos salvajes efectuados por estos Comando Civiles fue el de colocar dos bombas durante un acto peronista en la cercanías del subte A, las cifras oficiales contabilizaron 7 muertos y un centenar de heridos, esto ocurrió el 15 de abril de 1953.
Con esto queremos mostrar que en realidad no importaba demasiado los errores que podía cometer el peronismo pues la decisión de su derrocamiento estaba instalada desde el principio, si luego la excusa fue el petróleo o el enfrentamiento con la Iglesia que le venía como anillo al dedo, por eso mismo no deberían considerarse como las causas principales pues podían haber sido cualquier otras, mientras el peronismo gobernara y la oligarquía no tuviera el poder sólo el golpe podía ser la opción para los opositores.
Ya lo decía Ramos: “Desde las jornadas ardientes de octubre de 1945, en ningún momento la oposición demo-oligárquica había abandonado la esperanza de derrocar por la violencia al peronismo. Esta conducta no varió en los diez años de gobierno.” (3)
La Unión Cívica Radical intentó luego de su derrota electoral, un tibio cambio a través del Movimiento de Intransigencia y Renovación opositora interna del Unionismo más conservador, que en 1948 obtenía la mayoría y estableció una política cargada de hipocresía por la cual se oponía al peronismo desde la izquierda, hombres como Frondizi y Balbín levantaban extrañamente la nacionalización de los servicios públicos y los monopolios extranjeros como así también la Reforma Agraria, de esta forma se establecía una especie táctica de pinzas donde al radicalismo se le asignaba el papel de opositor por izquierda, demás está señalar que cuando esta fuerza llegó al gobierno estuvieron muy lejos de aplicar estos planes que sólo le eran funcionales para oponerse al peronismo. (4)
Lo que era indispensable para los partidos opositores era obtener el apoyo militar para llegar al triunfo, sin embargo, en un principio salvo pequeñas excepciones, el ejército se mantuvo leal a Perón, un hombre salido de sus propias filas, así y todo en diez años debió padecer tres levantamientos militares.
El primero fue el del General Menéndez con el objetivo de evitar las elecciones de 1951 que iban a concluir con el cómodo triunfo peronista. El 28 de septiembre de 1951 comenzó el levantamiento, el intento fracasó y muchos de los golpistas pudieron escapar al Uruguay por lo que pudieron evitar cualquier sanción, la más dura pena fue para el líder del levantamiento y consistió en 15 años de reclusión.
Un notorio historiador antiperonista debió reconocer que: “El aplastamiento sin sangre de la intentona de Menéndez, fue positiva, además, porque desvaneció las ilusiones que muchos políticos habían acariciado sobre el rápido derrocamiento de Perón. Ninguno de los dirigentes de los partidos tradicionales se había ruborizado por alentar un golpe; se consideraban moralmente justificados por el estado de compulsión que Perón había creado, imposible de modificar mediante vías legales”. (5)
Félix Luna debe reconocer al menos, que Perón trató aún con sus peores enemigos de no recurrir a métodos sangrientos y parecía tener la tendencia, muchos más que sus adversarios, de actuar dentro de ley.
El 3 de febrero de 1952 es detenido el coronel retirado José Francisco Suárez, que contaba con un proyecto para asesinar a Perón, Félix Luna califica de demencial a este intento de magnicidio.
Pero es la tercera intentona la que puso en evidencia hasta que punto la Marina, fuerza que ideó este golpe casi de manera exclusiva, y los políticos que adhirieron al mismo podían llegar en su sed de venganza contra el gobierno peronista.
Más adelante abundaremos en detalles de este intento, mientras tanto veamos cuales fueron las opiniones de los principales líderes opositores el mismo día en que se produjo el derrocamiento de Perón. Victorio Codovilla, líder comunista decía desde el Uruguay “tiene de positivo el hecho de haber derrocado a un gobierno dictatorial de tipo fascista”, pero también resultaba curioso lo que declaraba sobre los nuevos gobernantes, a Lonardi lo calificaba de tener una fuerte influencia clerical y proimperialista en cambio sobre el Almirante Rojas decía que “se inclina hacia posiciones democráticas y de cierta resistencia al imperialismo”.(6) Codovilla continuaba teniendo esa extraordinaria visión de la realidad argentina por la cual nunca acertaba.
Poco importaba el contenido ideológico del antiperonismo como ya lo había demostrado Braden marchando por las calles junto a los militantes del P.C., un solo objetivo los guiaba y era liquidar al peronismo ya sea desde izquierda o derecha, esto era lo de menos lo único importante era que el peronismo desapareciera, de ser posible para siempre.
Democracia, cuestión religiosa o petróleo, pasarían en definitiva a un segundo plano ante la confabulación que implicaba la reconstrucción de la Unión Democrática que en realidad nunca había dejado de existir como fuerza política.
Tanto en los intentos de 1951, como en los de 1952 la participación militar fue notoriamente minoritaria, la propaganda opositora no había llegado hasta el ejército, sólo la Marina estaba en virtual estado de rebeldía y no contaba con hombres adictos al gobierno, por eso es que los políticos necesitaban llegar con su prédica al ejército y a otros sectores que como la Iglesia había mantenido excelentes relaciones con el peronismo, en definitiva de lo que se trataba era de quebrar ese Frente Nacional que se había conformado en 1945.
La intransigencia radical soluciona sus contradicciones conspirando silenciosamente mientras que en público enfrentaba al gobierno con su programa de izquierda, división del trabajo, mientras otros radicales en este caso los unionistas integraban los Comandos Civiles junto a otros nombres ilustres y los hijos de la oligarquía que consideraban insoportable aquellos días del peronismo. (7)
Desde el levantamiento de Menéndez en 1951 existían militares, particularmente varios que ya habían pasado a retiro, que estaban en estado permanente de conspiración, tal de caso del general Lonardi que mantenía un viejo litigio con Perón desde la época en que lo reemplazó en Chile en 1936 como agregado militar.
Menéndez se lanzó a la asonada acompañado por militares como Alejandro Agustín Lanusse, futuro presidente de la Republica y apellido de la oligarquía; Tomás Sanchez de Bustamante, Manuel Raimundez y Gustavo Martinez Zubiría.
El 27 de agosto de 1951 Lonardi pide el retiro a partir de lo cual se dedicó a conspirar, entre las intenciones de Menendez estaba la de derogar la Constitución de 1949, intervenir la CGT y nombrar a Eduardo Busso Ministro del Interior, Lonardi se negó a participar de este intento.
Un almirante participante del frustrado golpe declaró el 19 de septiembre de 1961: “Habíamos confiado en derrotar al tirano con pequeñas acciones sin derramamientos de sangre. La lección fue que era preciso llegar al derramamiento de sangre para voltearlo”. (8)
En el levantamiento de Suarez en 1952 Lonardi tampoco participó no obstante lo cual fue detenido.

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