Uno de los hombres que
en 1955 comenzó la lucha contra la dictadura “libertadora”
no había ocupado ningún cargo público durante
los gobiernos peronistas dirá en aquél año trágico
“la oligarquía está aún viva, indemne en
su poderío y sostenida por potencias extranjeras”. El
hombre era Raúl Scalabrini Ortiz quién luego del golpe
se encontró con un gran escritor argentino, firme adherente
a la causa nacional, nos referimos a Leopoldo Marechal, quién
en esos momentos aciagos señaló: “Hay que empezar
a hacer todo de nuevo. Todo otra vez…”. (83)
En las palabras de Scalabrini Ortiz se apuntaba a meollo de la cuestión
por el cuál el peronismo caía y de paso planteaba ciertos
cuestionamientos al movimiento desalojado del gobierno pues si bien
había limitado el poder de las clases dominantes como nadie
lo había hecho antes, no por ello había disminuido el
poder económico que era la base de sustentación de la
poderosa oligarquía nativa.
Es cierto que el peronismo había expulsado del aparato estatal
a todos los agentes de la oligarquía quitándole el poder
político del que había gozado hasta ese momento, también
le había quitado el manejo de la justicia y la cultura y además
y esto es una de las cuestiones más importante, le quitó
a su principal aliado externo, el imperialismo inglés que fue
prácticamente expulsado del manejo de los sectores claves de
la economía argentina.
Los acontecimientos demostraron que lo mucho hecho por Perón
no alcanzó para cercenar definitivamente el poder de la oligarquía
de tal forma que impidiera definitivamente su restauración
sangrienta en aquel 1955.
El mismo Perón reafirmó esa idea: “La oligarquía,
triunfante, se instaló en el poder”. (84) Otro autor e historiador
del Movimiento Obrero dirá: “La cobertura era ‘la
defensa de la Iglesia, de la moralidad y el petróleo’,
pero las raíces del movimiento estaban en la oligarquía
y en los monopolios extranjeros que se mueven para detener el ascenso
popular y quebrar a la clase obrera organizada alrededor de la CGT”. (85)
Este parece ser uno de los mayores errores cometidos por el peronismo
que no cortó en su totalidad el poder económico de la
oligarquía, incluso durante los gobiernos peronistas se formó
una nueva clase propietaria de empresas en base a los créditos
baratos del Banco Industrial, que cuando las cosas se pusieron oscuras
siguieron el camino que les marcó el aglomerado oligárquico,
incluso algunos que en la actualidad ya han sido aceptados en los
círculos dominantes comenzaron el rumbo hacia la riqueza por
aquellos años, cosa que olvidaron rápidamente para creer
que fue simple obra de su genialidad.
Sin embargo no debemos olvidar, como habitualmente olvida la izquierda
que admiraba revoluciones lejanas pero se niega a jugarse en las revoluciones
que se producen en nuestro país, si se analiza sin prejuicios
el período peronista se llegará a la conclusión
que efectuó el cambio social más profundo en la historia
nacional, que elevó el nivel de vida de trabajadores y desamparados,
y puso final a la Argentina colonial al servicio del imperialismo
inglés.
Otro error que también puede endilgársele al peronismo
está centrado en la excesiva confianza en la labor que pudiera
realizar el ejército que ya se encontraba infectado por la
propaganda antiperonista desplegada sobre toda la clase media y sobre
los militares en particular.
El 29 de agosto de 1955 en un reportaje aparecido en el diario La
Nación Perón declaró: “Entre las Fuerzas
Armadas argentinas no hay discrepancias y menos aún discordias”. (86)
Muchos de los militares que participaron del golpe, tal el caso de
Lonardi y otros, nunca pensaron en las consecuencia del mismo, más
allá de su deseo de derrocar a Perón al que consideraban
el responsable de todas las calamidades supuestas o reales, eran unos
pocos militares aquellos que conocían a ciencia cierta los
planes siniestros de la oligarquía, entre ellos se contaban
Aramburu y Rojas.
El propio Lonardi fue víctima de este error de considerar a
Perón responsable de todo y será él mismo en
su propia piel quién deberá soportar la saña
del sector liberal oligárquico que dará rienda suelta
a su odio de clase contra los trabajadores y peronistas.
La confusión de Lonardi y las penurias que debió padecer
cuando fue alejado del poder no le quitan ni un ápice de responsabilidad
por haber sido el principal impulsor del golpe, solo muestra una vez
más, como la oligarquía puede utilizar personas que
les son útiles en un determinado momento y luego se convierten
en descartables ni bien se perfilan otros mucho más dóciles
al momento de cumplir sus órdenes. Siempre necesita a alguien
para realizar el trabajo sucio y riesgoso.
El Ejército comenzará una de sus purgas más profundas
desatadas en su seno, limpiando todo vestigio de peronismo, incluso
se llegará a utilizar el fusilamiento como ocurrió con
el General Valle y sus camaradas que intentaron restaurar la Constitución
en 1956.
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