Por lo menos desde el 51
existían distintas líneas conspirativas cívico-militares,
la Marina en pleno, una cantidad indeterminada de militares del ejército
en situación de retiro y algunos pocos en actividad. Lonardi
y Aramburu correspondían a dos corrientes de la conspiración
que por todos los medios intentaba derrocar al gobierno. Según
Potash, hacia fines de agosto era muy difícil encontrar un
general contrario a las ideas de Perón, sólo tres o
cuatro sobre una cifra que superaba los noventa estaban comprometidos
con la conspiración.
Una vez transcurrido el 16 de junio y en vista de las amenazas de
Perón del 31 de agosto, la Marina considera indispensable levantarse
pero buscaba con desesperación que aunque sea una Unidad del
Ejército la acompañara, los marinos se consideraban
por encima de la sociedad civil y asumían los aires de una
casta superior que miraba por sobre el hombro a algunos oscuros integrantes
del gobierno constitucional.
El 1° de septiembre un general que había sido medalla de
la Lealtad Peronista intentó un levantamiento en Río
Cuarto, pero elementos leales al gobierno tomaron conocimiento de
la situación y el rebelde debió huir presurosamente.
El general Aramburu en plena actividad conspirativa tomó conocimiento
de este hecho y consideró imposible intentar un nuevo golpe
de estado por lo que resolvió postergarlo sin fecha. Pero Lonardi,
general retirado, no quería seguir esperando por lo cuál
asumió el liderazgo del movimiento, de esa manera la Marina
obtenía al general que estaba buscando. (45)
Aramburu era uno de los pocos generales en actividad que estaba dispuesto
a derrocar a Perón, era Director de la Escuela Superior de
Guerra por lo que estaba alejado del mando efectivo de tropa. Evaluó
las condiciones políticas y militares y consideró que
las condiciones no eran las adecuadas para tumbar al popular presidente.
El domingo 11 de septiembre Lonardi se reúne con Osorio Arana
y le ratifica que aceptaba ponerse al frente del nuevo levantamiento
fijando la noche del 15 al 16 para producirlo. La Marina al enterarse
asumió como propia esa fecha. Aramburu aceptó trasladarse
a Curuzú Cuatiá a tratar de rebelar al regimiento, mientras
el general Lagos marchaba hacia Cuyo, en tanto Lonardi se dirigió
a Córdoba que sería el foco de la sublevación,
en esa provincia contaría con el apoyo de Comandos Civiles
que colaborarían con los militares. (46)
El 15, Lonardi marchó para Córdoba en compañía
del coronel Osorio Arana, el levantamiento se inició en forma
simultánea en los distintos centros tal cuál estaba
planificado: Córdoba, Curuzú Cuatiá, Puerto Belgrano
y Río Santiago.
El capitán de navío Arturo Rial era el coordinador del
levantamiento en la Marina y fue el encargado de ofrecer la jefatura
a Aramburu con el resultado conocido. El 11 al aceptar Lonardi todo
comenzó a desarrollarse a un ritmo acelerado con un resultado
que según los primeros movimientos pareció impensado.
El gobierno actuó con cierta parsimonia a pesar de los constantes
intentos opositores por derrocarlo. El general Lucero, Ministro de
Guerra, el día 15 en una reunión con otros generales
afirmaba : “…aquellos que suponen que hay una conspiración
en marcha, se equivocan de medio a medio”. (47)
Lonardi no era nuevo en las actividades conspirativas, ya por febrero
1952 fue arrestado por el intento del coronel Suarez. Desde esa época
Aramburu y Lonardi permanecieron en contacto pero no coincidían
en los tiempos y luego se verá que tampoco en las ideas, sólo
el odio al peronismo podían mantenerlos unidos. A fines de
1952 Lonardi recuperó la libertad.
Ya a mediados de agosto, el coronel Arturo Osorio Arana confirmó
a Lonardi la existencia de una conspiración con la jefatura
de Aramburu y con el coronel Eduardo Señorans como Jefe de
Estado Mayor Revolucionario donde se le encomendaba a Lonardi encargarse
de sublevar la provincia de Córdoba.
El 8 de septiembre se reunieron en un automóvil tomando todos
los recaudos del caso, el coronel Señorans y Lonardi a las
21 hs y se le informa la suspensión del golpe en marcha. (48)
Lonardi decide continuar con el levantamiento con la intención
de aguantar 48 horas y en la creencia que ese tiempo le permitiría
que se sumaran sectores civiles. Antes de partir hacia Córdoba
le dijo a su hija: “En realidad, Marta, sólo cuento con
imponderables”. En este estado se iniciaban lo acontecimientos
que derrocarían al gobierno popular.
En Córdoba y sin demasiados contratiempos toma la escuela de
Artillería, las instrucciones a sus subordinados no dejaban
lugar a dudas sobre lo que pasaba por las cabezas de los complotados
y cuales eran sus sentimientos, o mejor dicho la ausencia de ellos.
La orden de Lonardi fue: “Señores: vamos a llevar a cabo
una empresa de gran responsabilidad. La consigna que les doy es que
procedan con la máxima brutalidad”. (49)
La frase no dejaba lugar a dudas sobre las intenciones y los objetivos
de los militares que se levantaban contra la Constitución,
ya lo mostraron el 16 de junio, no importaba la cantidad de vidas
que costara el fin era derrocar a Perón, ya se verá
más tarde que hasta el propio Lonardi se sorprenderá
de las fuerzas que el mismo había desatado, pero será
muy tarde para frenar el odio desencadenado en las jornadas de septiembre
de 1955, el año del inicio de la decadencia argentina.
La Escuela de Infantería de Córdoba quedaba aún
en manos leales por lo que se produzco un enfrentamiento, en donde
ambos bandos sufrieron las primeras bajas. Luego del enfrentamiento
Lonardi le transmite su opinión a Osorio Arana: “Bueno
Ossorio: creo que hemos perdido, pero no nos rendiremos. Vamos a morir
aquí”. Pero para sorpresa de los rebeldes el Director
de la Escuela de Infantería se rinde, o mejor dicho deja de
pelear. Así pasará con varios militares que seguían
siendo leales al gobierno pero no mostraban ningún entusiasmo
en combatir, no tendrán tiempo para arrepentirse.
La Fuerza Aérea en Córdoba cambia de bando y se pasa
a los rebeldes, pero sin embargo el 18 de septiembre el núcleo
central de la conspiración estaba rodeado por tropas enviada
por el gobierno.
En tanto fuerzas enviadas desde Mendoza para reprimir a los sublevados
en Córdoba al llegar a San Luis se rebelan y regresan a Mendoza
para ponerse a las órdenes del General Lagos. (50)
Rial había sublevado Puerto Belgrano con éxito, logrando
extender la rebelión a toda la ciudad de Bahía Blanca
pues el regimiento del Ejército se rindió sin combatir.
La flota naval en pleno también había pasado al estado
de sublevación conjuntamente con la base de Río Santiago,
pero en ese lugar la situación se hizo insostenible y decidieron
abandonarla quedando en manos leales.
Tampoco tienen éxito los rebeldes en Curuzú Cuatiá
pues si bien el regimiento fue tomado por el mayor Juan José
Montiel Forzano, luego debieron desalojarlo pues los suboficiales
del Batallón de Zapadores rodearon el casino de oficiales y
produjeron un apagón, el mayor fue detenido poco después.
(51)
La situación era por demás difícil para los complotados
junto a Lonardi y Rojas, así lo hizo saber Lonardi en carta
al Gral. Lagos donde le decía: “No controlo sino el suelo
que piso”, frase por demás reveladora de su estado de
ánimo.
Pero la Armada estaba dispuesta a actuar sin ningún tipo de
miramientos como lo había hecho el 16 de junio, el 18 de septiembre
bombardean las destilerías de petróleo de Mar del Plata
y los cuarteles de la artillería antiaérea de esa ciudad,
lo cual causó gran desasosiego entre los hombres que se mantenían
leales a Perón y en él mismo, el 19 Rojas intimaba a
Lucero a cargo de la represión a rendirse bajo la amenaza de
actuar de igual manera con las destilerías de la ciudad Eva
Perón (La Plata) y otros edificios públicos como la
Casa de Gobierno y los ministerios. (52)
Tanto los acontecimientos del 16 de junio como los de estos días
de septiembre, la actuación de la Marina marcaron el espíritu
de Perón quién vio la posibilidad de un enfrentamiento
muy sangriento, que tal vez llegara hasta una guerra civil de impredecibles
consecuencias, su temor a ser responsable de esto lo marcaron profundamente,
no fue como luego remarcaron sus enemigos miedo a combatir, será
por el contrario, el miedo a ser responsable de derramar sangre argentina,
obviamente Rojas y sus seguidores no tenían ningún problema
en ensangrentar el país para cumplir con sus fines.
Dirá Perón más tarde: “Las probabilidades
de éxito eran absolutas pero para ello hubiera sido necesario
prolongar la lucha, matar a mucha gente, destruir lo que tanto nos
costó crear”. “Yo no me arrepiento de haber desistido
de una lucha que habría ensangrentado y destruido al país.
Amo demasiado al Pueblo y hemos construido mucho en la Patria para
no pensar en ambas cosas. Sólo los parásitos son capaces
de matar y destruir lo que no son capaces de crear”. (53)
Cuando las cosas parecían venirse abajo para los hombres de
Lonardi se produjo el renunciamiento de Perón, pero debemos
señalar que el levantamiento tuvo su importancia a pesar de
la supremacía en plano militar de los leales.
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