Cuando las tropas rebeldes
estaban rodeadas y el líder de las mismas estaba dispuesto
a afrontar lo más honrosamente posible esa derrota ocurrió
un hecho político de gran importancia, una nota de Perón
por la cuál renunciaba y la ponía en manos del Ejército.
El 19 el mayor Guevara en nombre de Lonardi entregaba una carta de
éste al gral.. Lagos donde le informaba: “Como Ud. Ha
visto sólo poseo el terreno que piso. Mañana reanudaré
el ataque contra Córdoba y tengo muy pocas posibilidades de
éxito, pero estoy dispuesto a luchar hasta morir”. En
la misma nota le dice a Lagos que como él dominaba tres provincias
y en caso que Lonardi fuera derrotado en Córdoba, debía
hacerse fuerte formando un gobierno revolucionario y continuar con
la lucha. (54)
En el espíritu de Perón habían quedado las dolorosas
huellas de la jornada del 16 de junio, además la sublevación
era de consideración y la estaba llevando a cabo gente dispuesta
a todo y que no medía el costo en vidas humanas, los rebeldes
no tenían el menor escrúpulo en bombardear ciudades
y matar civiles sin conexión alguna con el gobierno. Ante esa
situación Perón decidió confiar en el arma que
hasta ese momento le había sido leal y de la cual él
mismo había surgido. El mensaje del presidente expresaba de
manera muy sentida lo que pasaba por su cabeza y su corazón:
“Hemos servido y obedecido sólo los intereses del Pueblo
y su voluntad” y agregaba con respecto a la búsqueda
de solución al conflicto “No creo que exista en el país
un hombre con suficiente predicamento para lograrlo, lo que impulsa
a pensar en que lo realice una institución que ha sido, es
y será una garantía de honradez y patriotismo: el Ejército”.
Continuaba Perón “Estoy persuadido que el Pueblo y el
Ejército aplastarán el levantamiento pero el premio
será demasiado cruento y perjudicial para los intereses permanentes”
Perón no consideraba que la propaganda golpista también
había llegado a las filas del ejército que era uno de
los objetivos principales de la propaganda panfletaria de los políticos
antiperonistas y los intelectuales asociados a ellos.
“Si mi espíritu de luchador me impulsa a la pelea, mi
patriotismo y mi amor al pueblo me inducen a todo renunciamiento personal”
“Ante la amenaza de bombardeo…, creo que nadie, puede
dejar de deponer otros intereses o posiciones”. (55)
Lo que presentó Perón en su carta ante el Comandante
del Comando de Represión el gral. Franklin Lucero no era exactamente
una renuncia, Perón la presentaba como elemento de negociación
para que los generales la usaran ante los militares sublevados. Luego
de conocerse la nota de Perón, Lucero la hace conocer y dispone
la conformación de una junta de generales con la participación
de un marino y un brigadier que serían los encargados de buscar
una salida negociada.
La Junta se reúne a los efectos de tratar la nota de Perón
e interpreta que se trata lisa y llanamente de su renuncia al cargo,
lo cual contrariaba el sentido que Perón le había dado
a la misma, por lo que le informa a la Junta que la misma no tenía
el sentido que ella le había dado. Lucero renunció ni
bien quedó conformada la Junta.
Los sublevados tenía el ánimo por el suelo pero su espíritu
levantó considerablemente al enterarse de la carta de renuncia,
los que habían aceptado la renuncia eran los 17 generales
que además decidieron establecer negociaciones con los sublevados. Una vez conocida la opinión de Perón y su resistencia
a pasar a retiro incondicionalmente, los generales se vuelven a reunir
pero estaba vez irrumpen un grupo de oficiales jóvenes armados
al mando del gral. Imaz e impone la condición de aceptar sin
más trámite la renuncia de Perón, la Junta acepta
dócilmente esta imposición.
La reunión culmina el 20 de septiembre a la madrugada y se
le informa a Perón la resolución por la cual dejaba
de ser presidente, a la 7 de la mañana del día 20 Perón
ingresaba a la embajada de Paraguay, partiendo algunos días
después hacia Asunción para comenzar un injusto exilio
que durará 18 años.
Luego de desplazar a Perón cumpliendo el deseo de los golpistas,
la Junta convocó a una negociación que no fue tal, pues
se trató de la rendición incondicional de los militares
que contaban con ventaja táctica.
A las seis de la mañana del 20 de septiembre a bordo de la
nave insignia el crucero “17 de Octubre”, comenzaban las
tratativas entre la Junta de Generales y los jefes rebeldes, estos
últimos representados por el almirante Rojas y el gral. Uranga,
ya a esa altura con Perón fuera de escena los sublevados se
sentían fuertes. El 21 concluyeron las reuniones y el proceso
golpista iniciado el 16, con la rendición de los generales
ante los sublevados (56), la confianza que Perón había depositado
en los generales quedaba traicionada de la peor manera.
Los generales habían preferido retirarse a la tranquilidad
de sus hogares antes que discutir con quienes se habían levantado
en armas, pero Lonardi que pasó de disponerse a morir en el
intento a considerarse el triunfador de aquellas jornadas no estaba
dispuesto a negociar nada, en declaraciones efectuadas el 21 dirá:
“…en ningún momento el gobierno provisional reconoció
a esa junta ni tuvo el propósito de celebrar tratos con ella,
por entender que sólo era un grupo de oficiales superiores
sin derechos a arrogarse atribuciones de gobierno ni aceptar la renuncia
del ex-presidente. Producido el colapso total del gobierno del gral.
Perón, más por efecto de la enorme masa de opinión
adversa, que por la acción militar, el único autorizado
a decidir sobre su renuncia era el jefe de la revolución victoriosa
que exigió aquello como condición para la tregua pedida
por el gobierno”. (57)
Lonardi como ganador desconocía el favor que los hombres de
la milicia le habían hecho al ponerle el gobierno prácticamente
en las manos cuando estaba esperando la derrota. Pero algo es cierto,
desde que Lucero dio a conocer la carta de Perón, Lonardi sabía
que comenzaba a saborear el triunfo por eso envió a Lucero
una misiva que decía: “En nombre de los Jefes de la Fuerzas
Armadas de la revolución triunfante, comunico al señor
ministro que es condición previa para aceptar la tregua la
inmediata renuncia a su cargo por el señor presidente de la
Nación”. (58)
El 20 de spetiembre a las 11 horas la junta informaba a Lonardi que
había aceptado la renuncia de Perón y los generales
les comunicaban que se disponía a negociar pero para Lonardi
a esa altura sólo era posible que los generales aceptaran sus
condiciones. En el acta labrada a bordo del crucero “17 de octubre”
firmada por Rojas y Uranga por un lado y los generales Emilio Forcher,
Angel Manni, José Sampayo y Oscar Sacheri se establecían
las condiciones impuestas que consistían en la renuncia del
presidente, vice y el gabinete.
De acuerdo a estas condiciones el general Lonardi debería asumir
el gobierno el 22 de septiembre a las 12 horas y debían retirarse
las tropas que habían permanecido leales, estas condiciones
debían responderse antes del 21 a las 12 horas, a las 2 horas
la junta se retiraba y a las 10 aceptaba las condiciones. Pero antes
la junta había solicitado sin obligación de cumplimiento
por parte de los vencedores que no haya ni vencedores ni vencidos,
que se respete la Constitución y que el gobierno militar debía
ser de transición, además de la renovación total
de autoridades por la Ley Saenz Peña, gobierno integrado por
una junta militar integrada por las tres fuerzas armadas, mantenimiento
de las conquistas sociales, las denuncias contra los funcionarios
peronistas debían realizarse en la justicia. (59)
Por cierto que ninguna de estas solicitudes fueran tenidas en cuenta
por los vencedores.
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