El Forjista

Biografía de Juan Domingo Perón

Capítulo 37 - Casos de tortura

Félix Luna intentó mostrar que la aplicación de tortura era algo sistemático en el gobierno de Perón, llegando al punto de señalar: “De Perón para abajo, todos sabían que se torturaba. Pero nadie hizo nada para impedirlo. Para Perón, un opositor preso, ‘un comunista’, como solía decirse en cómoda simplificación, era una abstracción. Y nadie se compadece de una abstracción”. (1)

Señala varios casos como el de Carlos Aguirre en Tucumán en 1949, del doctor José Ingalinella en Rosario en 1955, el estudiante Ernesto Bravo en 1951 en Buenos Aires, en 1948 fueron torturados varios jóvenes de la Federación Juvenil Comunista, obreros telefónicos detenidos en abril de 1949.También el dirigente sindical Cipriano Reyes fue objeto de tortura.

Hay dos cuestiones que son fundamentales señalar, durante la denominada Década Infame, existía lo que se llamaba “la policía brava” por la forma salvaje en que reprimía especialmente las manifestaciones obreras y por aplicar tormentos a los detenidos particularmente si eran presos políticos.

Se crea la Sección Especial con la misión de perseguir al “comunismo” y la creatividad argentina muestra que también puede ser utilizada para el mal con la creación de un diabólico aparato: la picana eléctrica.

Pretender que esas prácticas desaparecieran de la noche a la mañana era imposible, cambiar estas nefastas costumbres no dependían solamente de la voluntad de un gobierno, por lo cual es cierto que existieron casos de tortura y que como tales deben ser fuertemente criticados pero lo que no se puede es mentir descaradamente y señalar que era sistemática la aplicación de torturas, muchos menos acusar al presidente de estar en conocimiento de eso y no hacer nada.

Pero hay otro método de distorsión que aplican generalmente para calumniar a los gobiernos populares y que es acusar al presidente de cualquier cosa que ocurre en cualquier rincón del país, pero cuando se trata de un gobierno oligárquico la responsabilidad baja hasta el más oscuro inspector o el más novato agente de policía, distinta vara que le dicen.

Pero también hubo casos en que se efectuaron investigaciones y los policías implicados fueron detenidos como en el caso del doctor Inganilella en Rosario que murió producto de esos tormentos, el mismo Luna debe reconocer que en este caso ni el gobierno nacional ni el provincial fueron responsables, pero lo suma para tratar de mostrar que el peronismo auspiciaba la tortura.

Otro aspecto que fue utilizado por sus enemigos para atacarlo estuvo relacionado con las acusaciones de antisemitismo, que tampoco tiene sustento al considerar los muchos funcionarios de la colectividad judía que integraron el gobierno y otros que por primera vez accedieron a la carrera diplomática.

Perón reconoció al Estado de Israel además es posible enumerar una gran cantidad de funcionarios en el gobierno como Abraham Krislavin que fue subsecretario del Ministerio del Interior, Liberto Rabovich fue juez, Israel Zeitlin director del suplemento de la Prensa de la CGT, el rabino Amram Blum, asesor presidencial en asuntos religiosos, David Diskin diputado, Pablo Manguel primer embajador argentino en Israel, Enrique Dickman dirigente socialista que apoyó al peronismo.

En 1949 Eva Perón envió importante cantidad de alimentos, medicinas y otros productos a Israel, mientras que la dirigente israelí Golda Meir visitó a Eva en la Casa Rosada en su visita a la Argentina en 1951.

Page reconoce que Perón rechazaba la utilización de la violencia, aunque dice que en ciertas oportunidades cerraba los ojos para no ver lo que hacían algunos de sus subordinados, pero debió reconocer que en ningún momento la violencia fue parte central de su filosofía política.

Hubo medidas que mostraron una preocupación por mejorar la situación de los presidiarios como fue el cierre del penal de Ushuaia en 1947 donde debían padecer además del encierro los rigores del frío para que las enfermedades fueran parte del castigo, esta cárcel fue reabierta por Aramburu, para encerrar a presos políticos es decir peronistas.

El mismo Félix Luna después de calumniarlo profusamente debe reconocer algo: “Pero hay un último argumento, que las pasiones de aquellos tiempos subestimaron. Hoy debe evaluarse como valedero que Perón nunca mandó a matar a nadie. Podía ser brutal con sus opositores y jamás le afligió el destino personal que podían correr, y era frío y desapegado cuando se trataba de adoptar una decisión política. Pero ordenar la eliminación física de alguien no estaba en su estilo”.(2)

No podrá decirse lo mismo de los enemigos de Perón que sí estaban dispuestos a asesinar sin contemplaciones comenzando por los jóvenes universitarios de las familias tradicionales que colocaban bombas, y aquellos militares y políticos que intentaron reiterados golpes hasta que lograron destituirlo.

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(1) Félix Luna. Perón y su tiempo. Tomo I. La Argentina era una fiesta. Ed. Sudamericana 1984. Pag. 379

(2) Felix Luna. Perón y Su Tiempo. Tomo III El régimen exhausto 1953 1955 Edit. Sudamer. 1986 pag. 40 y 41

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