El Forjista

La Resistencia Peronista

Capítulo 11 - Los monopolios de prensa

 

Un organismo, representante de los grandes monopolios de Prensa, la Asociación Interamericana de Prensa, a través de su presidente de la Comisión de Libertad de Prensa y corresponsal del Chicago Tribune, Jules Dubois, informó que Perón planeaba convertir a la Argentina en un satélite de Rusia y erigirse en el Stalin de América, y aclaraba que la alianza de Perón con los comunistas no era nueva, pues la había promovido desde el gobierno.

A los pocos días, el gobierno volvió a denunciar un complot, que extrañamente había descubierto dos meses antes. El diario La Prensa titulaba el 28 de febrero: “Fue descubierto un intento subversivo”. La Secretaría de Prensa de la presidencia denunciaba el intento de derrocar al gobierno y anunciaba la detención de 35 personas. Decía el Poder Ejecutivo que se buscaba provocar el caos económico a través de conflictos gremiales y acciones terroristas.

En realidad el gobierno se refería al mismo “complot” denunciado a fines del año anterior, pero que en su afán por mantener en vilo y de atemorizar a la opinión pública, en especial a la clase media, reflotaba la cuestión cada vez que la resistencia opositora se acentuaba y mientras la realidad le mostraba el continuo reflujo de su base social.

En días sucesivos el gobierno dio a conocer informes sobre el supuesto intento conspirativo, publicando una nómina de peronistas que conformaban los comandos que actuaban en los países limítrofes, quienes, según el informe, recibían directivas del ex-mayor Pablo Vicente. En Paraguay militaba el periodista Américo Barrios (Luis María Albamonte) y Raúl Conrado Bevacqua, ex–ministro de Salud Pública. En Chile actuaban Cesar Albistur Villegas, ex-intendente de Morón y Ricardo Guardo, ex-presidente de la Cámara de Diputados. En Bolivia Alberto Iturbe, ex-ministro de Transporte y gobernador de Jujuy. En Brasil Valentín Irigoyen y Emilio Terán. Mientras que en el Uruguay estaban radicados Eduardo Colom, ex-diputado, Arturo Jauretche, ex-presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y Francisco  Capelli. (38)

El “complot” que en ese momento se ponía en conocimiento del público había sido descubierto el 24 de diciembre de 1956, cuando en Jujuy fue detenido el dirigente del Partido Socialista de la Revolución Nacional, partido creado por socialistas y trostkistas que apoyaban desde una óptica independiente y crítica al gobierno peronista. Este dirigente y sus tres acompañantes tenían en el momento de su detención propaganda contraria al gobierno y directivas para la resistencia. A partir de esas detenciones se sucedieron otras, montando el gobierno “libertador” la teoría de la existencia de un complot que aprovechó para denunciarlo dos meses después.

Otra vez fue un medio norteamericano el que lanzaba sus diatribas contra el peronismo. Un editorial del New York Times titulado “Perón contra la Argentina”, explicaba: “La lección que debe derivarse del más reciente complot militar frustrado en la Argentina es que mientras más pronto se expulse al ex–dictador, general Juan Perón. Del hemisferio occidental, mejor... En general, Argentina está recuperando su propia condición como país maravillosamente rico en lo agrícola... Muchas cosas son inciertas acerca del futuro de la Argentina, pero de una no puede haber ni la más ligera duda: Juan Perón jamás volverá al poder en Buenos Aires” (39)

Los medios periodísticos norteamericanos, no se conformaban con que Perón estuviera alejado de su país, pretendían su expulsión de América, su ejemplo podía resultar peligroso para otros países del continente, no fuera que también intentaran apartarse de su condición de países “maravillosamente” agrícolas y ganaderos. La industrialización de los países del Tercer Mundo y más aún, los derechos gremiales y sociales de los trabajadores adquirían graves connotaciones “subversivas” para los grandes monopolios de noticias que con tanta simpatía recibieron al gobierno instaurado en 1955. Esa fue la fecha en que nuestro país comenzó su destino de semicolonia norteamericana, como antes de 1943 lo había sido de Inglaterra.

El gobierno de la Revolución Libertadora no encontraba el respiro necesario para estabilizarse, la ansiada tranquilidad a través de la domesticación o la represión de peronismo, no llegaba. El 18 de marzo de 1957 a las 11:30 hs. llegaron a la ciudad chilena de Punta Arenas seis dirigentes peronistas que se habían fugado de la prisión de Río Gallegos. Se trataba de John William Cooke, Héctor Campora, Jorge Antonio, José Espejo, Pedro José Gomis y el máximo dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista, Guillermo Patricio Kelly.

Ni bien llegó a Chile, Cooke informó detalladamente a Perón sobre la situación de las organizaciones de la resistencia: “En general, la República está sembrada de células, que traban con entusiasmo aunque anárquicamente. Aunque nuestra gente se va formando aceleradamente, aún estamos escasos de hombres con verdadero sentido y capacidad organizativa”.

Una de las preocupaciones de Cooke fue la imposibilidad de coordinar el accionar de todos los grupos participantes de la resistencia y la política desplegada por los sectores neoperonistas que intentaban una táctica conciliadora que debilitaba la intransigencia que mantenían aquellos que militaban en la resistencia. A esto debía agregarse que represión gubernamental se batía con especial saña sobre los militantes peronistas dificultando cualquier intento de planificación y coordinación.

Cooke acusaba a Leloir de realizar una campaña desmoralizadora por sus contactos con Bengoa, Frondizi y Solano Lima. Denunciaba a los acuerdistas que pretendían conformar partidos neoperonistas como el Partido Popular de Bramuglia o el Populista de Saadi y Guillot. (40)

Mientras tanto, Aramburu procedió a cancelar la personería jurídica del Partido Comunista, en su afán por complacer al gobierno norteamericano. El P. C. había sido legalizado por Perón, a pesar de lo cual, los comunistas no ocultaron su hostilidad permanente hacia peronismo. Su máximo dirigente Vitorio Codovilla, uno de los que pasearon de la calle del brazo de Braden para oponerse a Perón, descargó la acusación de nazi-fascismo para caracterizar al movimiento popular de la Argentina, término que fue adoptado por la oligarquía para descalificar a Perón y su partido.

Pero la mira del gobierno estaba enfocada sobre el peronismo y sus principales sostenedores, los trabajadores. En medio de un paro de los municipales de la ciudad de Buenos Aires, efectuado con singular combatividad y durante un largo período, le presidente de la Nación advirtió: “El gobierno no tendrá contemplaciones, y en salvaguarda de los altos intereses de la Nación ha decidido sofocar, por los medios que sean necesarios, cualquier intento de perturbación”. Para terminar con el paro, el gobierno autorizó a las fuerzas de seguridad a usar sus armas de fuego contra actos de sabotaje o cuando se les arrojara proyectiles a alguno de sus integrantes. Los piquetes de huelga fueron inmediatamente apresados, el Ministro del Interior, es decir el máximo responsable de la represión, era el radical Alconada Aramburú. (41)

Se dispuso la movilización militar de los trabajadores en huelga, recurso al que se recurría en todos aquellos paros que no podían ser sofocados fácilmente. La medida consistía en encerrar en cuarteles a los obreros, cortarles el pelo como conscriptos y vestirlos con ropa de fajina en caso que se negaran a retornar al trabajo.

El Intendente de la ciudad explicaba que un grupo golpista con fines políticos inconfesables empujaba a los obreros a realizar estas medidas de fuerza, tras lo cuál disparó esta frase: “Sólo el comunismo es capaz de esta trampa vergonzosa y miserable... Estamos frente a un complot deliberado de las fuerzas de la regresión y de la reacción frente a una trampa tendida por las fuerzas del desorden y el caos, que pretende usar de la libertad que les dimos el 16 de septiembre, para tirarla contra nuestro rostro y ponerle de nuevo yugo, cadenas y grillos al país”. (42)

Estos “amos de la libertad”, la daban y la quitaban a su antojo cuando los trabajadores peleaban por sus derechos, podía concluirse que la única libertad que se podría disfrutar era la de coincidir con los dueños del poder. Las Fuerzas Armadas fueron puestos en un nuevo papel que consistía en reprimir a los huelguistas, pues durante ese paro, tropas de las tres fuerzas recorrieron los puestos de trabajo, arrestando a aquellos que se negaban a cumplir con sus tareas. Según las fuentes oficiales los detenidos llegaron a trescientos. Pero las fuerzas militares también debieron cumplir funciones de limpieza de la ciudad recolectando los residuos acumulados en las calles a raíz del paro municipal.

Aunque excede el propósito de este trabajo, debe prestarse atención que por aquellos años los militares realizaron las primeras actividades de maltrato de la población que continuará posteriormente para concluir en 1976 con la más sangrienta dictadura militar, l1amado Proceso de Reorganización Nacional. Nótese que muchas de las actividades contrarias al pueblo y aún el lenguaje empleado comenzaron con el golpe 1955. Simbólicamente podríamos decir que posteriormente, muchas veces más, las Fuerzas Armadas debieron limpiar y ocultar la basura de la oligarquía. En 1955 se rompió la tradición nacional y sanmartiniana del Ejército Argentino que contó con patriotas como Mosconi, Sabio, Perón y muchos otros.

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