El contenido ideológico
del peronismo tiene nutrientes que surgen desde distintas corrientes,
con una amplitud propia de los Movimientos Nacionales que reciben
en su seno a mujeres y hombres de los más diversos orígenes
y con ellos llegaban sus ideas que se habían formado en las
luchas precedentes.
Perón trató de nuclear en torno de banderas comunes
a proyectos que aunque distintos tuvieran un denominador común
en la justicia social y la independencia nacional. Eso se vislumbró
en el Movimiento Obrero con dirigentes sindicales que arribaron desde
el socialismo o el anarquismo, este último ya en franco retroceso
y en vías de extinción.
Aquellos que llegaron desde el campo de la cultura lo hacían
desde el radicalismo, el nacionalismo o el socialismo, hombres que
desde décadas anteriores buscaban muchas veces de manera solitaria
una salida nacional y popular. Nacionalistas como José Luis
Torres implacable denunciante de la corrupción y la entrega
económica encarada por los gobiernos de la Década Infame,
precisamente fue Torres quién la bautizó de manera tan
exacta, un historiador como Ernesto Palacio adhirió a este
proyecto ocupando una banca en la Cámara de Diputados. El nacionalismo
quedó dividido entre aquellos sectores que se identificaron
con el gobierno peronista y aquellos que se transformaron en furiosos
opositores principalmente porque les disgustaba el carácter
plebeyo del movimiento.
Desde años anteriores a la aparición del peronismo,
un pensador que había roto con el conservador Partido Socialista
predicaba por toda América Latina la imperiosa necesidad de
la unión de estos países en una sola Nación,
Manuel Ugarte fue embajador del gobierno peronista, su prédica
unificadora aún ahora permanece oculta para el grueso del pueblo
argentino.
Uno de los aportes más importantes estuvo dado por los hombres
de FORJA que desde la década del 30 denunciaban el carácter
expoliador del capital inglés y bregaron por un consecuente
nacionalismo económico que concluyera con la dependencia semicolonial
de nuestro país. FORJA se disolvió luego del 17 de octubre
de 1945 para integrarse al Movimiento Nacional. Sus hombres dieron
la batalla ideológica luego del golpe de estado de 1955.
La división mundial producida luego de la Segunda Guerra Mundial
posibilitó el surgimiento de la denominada Tercera Posición
Ideológica que desde una óptica nacional buscara respuestas
a las necesidades de nuestro pueblo sin caer en ningún tipo
de sumisión a las superpotencias dominantes.
En el Congreso de Filosofía realizado en Mendoza en 1949 Perón
explicitó su proyecto ideológico a través de
planteos generales buscando dar sustento ideológico al plan
político desarrollado desde el gobierno.
Dicho pensamiento se basaba en el equilibrio de las ideas predominantes
en el Mundo, Peron explicaba que debía dedicarse el mismo interés
en el progreso material que en el aspecto espiritual del ser humano.
Contrariando la concepción del liberalismo imperante hasta
ese entonces en el país cuestionaba el individualismo y el
egoísmo como razón última de los actos de los
hombres: “Pero el egoísmo es, antes que otra cosa, un
valor negación, es la ausencia de otros valores, es como el
frío, que nada significa sino ausencia de todo calor. Combatir
el egoísmo no supone una actitud armada frente al vicio, sino
más bien una actitud positiva destinada a fortalecer las virtudes
contrarias; a sustituirlo por una amplia y generosa visión
ética. Difundir la virtud inherente a la justicia y alcanzar
el placer no sobre el disfrute privado del bienestar, sino por la
difusión de ese disfrute, abriendo sus posibilidades a sectores
cada vez mayores de la humanidad; he aquí el camino”.(52)
La imprescindible armonía entre individuo y sociedad, entre
espíritu y materia, donde la exclusiva acentuación de
uno de los componentes no anule al otro en eso consistía la
verdad sencilla, simple, pero no por eso menos exacta del pensamiento
del peronismo de aquellos años. Ni el Estado era todo, ni el
individuo, menos aún cuando ciertos individuos logran hacerse
de un poder con el cual no pueden competir otros individuos, y de
esa manera pueden imponer su voluntad a los demás. La introducción
de estos elementos de discusión que hasta el momento prácticamente
se limitaban a las opiniones del marxismo y el liberalismo no resultaba
para nada ociosa ni carente de sentido, en este equilibrio se busca
un camino propio al margen de las potencias dominantes.
En esta búsqueda, mucha veces contradictoria, también
se intentaba fomentar la solidaridad en el seno de la sociedad como
un valor esencial, en ese trabajo se decía: “….el
transito del yo al nosotros” no como “un exterminio de
la individualidades, sino como la reafirmación de éstas
en su función colectiva”. (53)
Apartarse de los postulados del liberalismo constituía un principio
inmodificable pero también se acentuaba la idea que el Estado
no debía ser una institución sofocante de la iniciativa
y la creatividad, copada por una elite que monopolizaba el poder y
los beneficios. “En la consideración de los supremos
valores que dan forma a nuestra contemplación del ideal, advertimos
dos grandes posibilidades de adulteración; una es el individualismo
amoral, predispuesto a la subversión, el egoísmo, el
retorno a estados inferiores de la evolución de la especie;
otra reside en esa interpretación de la vida que intenta despersonalizar
en nombre de un colectivismo atomizador”. (54)
Es inexacto que Perón fuera un pragmático despreocupado
por establecer una base ideológica, por el contrario existió
un planteo a lo largo de su vida de establecer una serie de pautas
doctrinarias, un marco ideológico con la suficiente amplitud
como para preservar las ideas de aquellos que confluyeron tras su
figura. Esta ideología no fue sistematizada y requiere de un
esfuerzo intelectual por parte de aquellos que siguieron su senda.
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