Exceptuando a los autores
peronistas, casi todos los demás coinciden en que durante la
década que estuvo en el gobierno, el peronismo no respetó
las reglas imperantes en una sociedad democrática. Cabría
preguntarse que parámetro se utiliza para medir el grado de
democracia existente durante los dos primeros gobiernos del General
Perón. También correspondería reflexionar sobre
cuál es la comparación que se realiza para llegar a
tamaña conclusión.
Si volvemos a lo señalado anteriormente sobre la necesidad
de comparar con el “antes y el después”, veremos
que el peronismo no tiene ninguna desventaja en este terreno con los
gobernantes que le antecedieron y le sucedieron.
La Década Infame constituyó una auténtica farsa
electoral donde los caudillejos conservadores imponían a sus
candidatos a punta de cuchillo y pistola, todos salidos de los estratos
más acomodados de la sociedad. La revolución de 1943,
o mejor dicho el sector más nacional y popular de dicha revolución,
encabezado por Perón, puso fin a ese simulacro que por lo general
concluía con los gerentes de los ferrocarriles ingleses imponiendo
al presidente de la república, todo con la complaciente oposición
del radicalismo alvearizado y el Partido Socialista que prestaban
sus candidatos para dar una cara más “democrática”
a la burla.
Si analizamos lo que hicieron los que derrocaron al peronismo veremos
que la proscripción que sufrió el partido mayoritario
resultaba una práctica autoritaria a la que nunca recurrió
el supuesto “tirano” de Perón.
Teniendo en cuenta que por los años de gobiernos peronista
hasta el stalinista Partido Comunista Argentino o ciertos nacionalistas
aristocráticos derramaban lágrimas por la democracia
perdida, caeremos en la conclusión que esta bandera opositora
tenía una gran cuota de agitación propagandística.
El sector más lúcido de la generación militar
que tuvo a Perón a su más destacado exponente terminó
con el denominado “fraude patriótico” desembocando
en el proceso electoral más limpio que vivió la historia
argentina hasta esos días.
En febrero de 1946 la alianza peronista derrotó en las urnas
a la confluencia de partidos que lucraron durante la Década
Infame, obteniendo el 52,40 % contra el 42,51% de la Unión
Democrática. (1)
En las elecciones de Constituyentes de 1948 el porcentaje subió
al 61,38 % contra el 26,86 % del radicalismo y el 2,95% del P.C.
En la reelección de Perón en 1951 el oficialismo obtuvo
el 62,49% contra el 31,81 % de los radicales y el 2,30 de los conservadores.
Por último en 1954 para la elección de vicepresidente,
el peronismo llegó al 62,52 %, el radicalismo al 32.52 % y
el P.C al 1,12 %. (2)
De los guarismos es posible visualizar como la población en
su inmensa mayoría apoyaba al gobierno, reafirmando el concepto
más elemental de la democracia, consistente en el gobierno
del pueblo, el cuál se sentía partícipe de un
proceso que había abierto aquellas puertas que los sectores
minoritarios que habían conducido al país hasta el momento,
se encargaron de mantenerlas cerradas a la participación popular,
los humildes en particular, vieron a alguien que por primera vez los
tenía en cuenta. A su vez, del análisis de los resultados
es posible detectar que la oposición se nucleaba en torno al
partido radical.
La oligarquía argentina se ha adueñado, no sólo
de las principales fuentes de riquezas, sino que también expropió
palabras para su uso exclusivo, tal el caso de la mentada democracia,
por eso es que un determinado grupo se convirtió en exclusivo
jurado para decidir que es democracia y que no.
Por supuesto que aquel osado coronel que había puesto de pie
a los humillados de siempre y que cuestionaba los sacrosantos intereses
de las minorías pudientes no podía ser democrático
¡Si hasta la servidumbre se rebelaba y exigía derechos!
¡Si hasta los peones de estancia reclamaban que se cumpliera
el Estatuto del Peón! Semejante afrenta no podía quedar
olvidada.
Por esto es que Arturo Jauretche podrá afirmar con la ironía
que lo caracterizaba y que servía para dar amenas lecciones
de patriotismo práctico: “…la democracia sólo
funciona cuando gobierna la minoría. Cuando gobierna la mayoría
es la dictadura”. (3)
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