Los diarios La Prensa y La
Nación constituyeron dos instrumentos de los sectores oligárquicos
e imperialistas desde los cuales se denigraba sistemáticamente
cualquier intento de los países oprimidos por romper sus cadenas,
que a veces parecen ser invisibles. Por esto, no podía extrañar
que más tarde o más temprano se produjera una colisión
entre el gobierno popular y el diario La Prensa, directo defensor
de la política exterior norteamericana.
Este medio de difusión formaba parte de aquellos que se consideran
aptos para definir el grado de democracia que se le asignaba a los
gobiernos o instituciones. Una forma de introducir el tema de la democracia
consiste en el viejo recurso del liberalismo de confundir adrede la
libertad de comercio con la libertad de prensa.
No está demás recordar que las mayores satrapías
que han tenido que padecer los países dependientes se hicieron
en nombre de la libertad de comercio y la democracia. En nombre de
la libertad de comercio, Mitre y la Triple Alianza despedazaron el
Paraguay en el siglo pasado XIX y en nombre de la democracia los Estados
Unidos y otras potencias se han dedicado a invadir distintos países
del Tercer Mundo.
No faltaron los historiadores que como Félix Luna se lamentan
de la expropiación de La Prensa, cuya posesión fue entregada
a la Confederación General del Trabajo, Luna asume la defensa
de la familia propietaria: “No podía dejar de admirarse
la entereza de los directivos que se mantenían fieles a la
trayectoria del diario”(4). Por supuesto la trayectoria del diario
consistía en una vinculación estrechísima con
al agencia noticiosa norteamericana United Press, a la vez que Luna
no le otorga ninguna importancia por considerarla “ficticia”
el conflicto que el diario mantenía con su personal.
Félix Luna nos ilustra un poco más sobre cuales fueron
los intereses que el gobierno peronista intentó limitar: “La
liquidación de La Prensa despertó reacciones adversas
al gobierno argentino en todo el mundo occidental y en el continente
americano – donde el diario de los Paz era casi un mito en ciertos
círculos políticos e intelectuales- y por supuesto en
los Estados Unidos”.(5)
El defensor de la posición del peronismo en el Congreso fue
John William Cooke, atendamos algunas de sus ideas expresadas en la
defensa del proyecto de expropiación: “Nosotros sabemos
que para el imperialismo el principio de libertad de concurrencia,
el principio de la libre actividad privada y el principio de libre
empresa son todas fantasías y mitos que a la larga sirven para
acentuar cada vez más la desigualdad que ya existe entre países
coloniales y capitalistas”. (6)
Cooke llegaba hasta el fondo de la cuestión, desnudando los
intereses que se mueven tras ciertas doctrinas que levantan las banderas
de la democracia y la libertad sólo en la medida que sirvan
a sus intereses. ¿Podía Perón mantener dentro
del suelo argentino, actuando con total impunidad, a los aliados de
Braden sin que su gobierno corriera peligro por el accionar de los
portavoces de los intereses norteamericanos?.
Cooke denunciaba ese entrelazamiento de intereses comerciales que
se escondía tras los supuestos defensores de la libertad de
prensa: “Tanto la Reuter como la Associated Press y la United
Press poseen una red internacional y la organización privada,
al margen de la cual hay poco menos que una imposibilidad total para
actuar a las demás agencias noticiosas, salvo que cuenten con
apoyo de gobiernos igualmente poderosos”.(7)
Estas agencias noticiosas y sus socios como La Prensa, han sido en
todos los tiempos, las generadoras del ambiente propicio para los
golpes de estados impulsados por las grandes potencias en América
Latina.
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