En ese maravilloso libro
llamado “Manual de zonceras argentinas” de Arturo Jauretche,
el autor ironiza sobre el nipo-nazi-fasci-falanjo-peronismo aclarando
que no se trata de un trabalenguas sino de un trabasesos pues la comparación
de un proceso latinoamericano con otro procedente de Europa imposibilita
la tarea de pensar los sucesos históricos.
Sin duda ha sido el principal argumento de ciertos autores para descalificar
al peronismo, en parte es comprensible, el fantasma por los años
en que Perón gobernó eran el fascismo y elnazismo, aún
cuando ya estuvieran derrotados por los Aliados. Si se lograba asociar
por medio de algunos malabarismos intelectuales, al peronismo con
esos procesos europeos fácilmente se podía concluir
que el peronismo era de lo peor.
Uno de aquellos que más lejos ha llegado en sus elucubraciones
tendientes a despotricar contra el peronismo es Juan José Sebreli,
quién arma una fenomenal ensalada consistente en un poquito
de bonapartismo y otro mayor de fascismo, para presentar un producto
final que se conoce tras el nombre de peronismo por estas tierras.
Pero para que las teorías de Sebreli sean ciertas es imprescindible
reconocer previamente que las mayorías populares tienen un
alto grado de estupidez, paralelamente se debe establecer que el único
que no se equivoca es Sebreli. Este intelectual nos asegura: “La
originalidad del bonapartismo con respecto a los conservadorismos
tradicionales, reside en sustituir la fuerza y el fraude, por la demagogia
y las relaciones públicas, comprendiendo que la exclusión
de las masas se vuelve imposible y se hace necesario aprender a manipularlas”.
(8)
Un demagogo, en este caso Perón, pudo manipular a millones
pero en ningún caso pudo engañar al astuto de Sebreli,
por eso nos dice: “…el fascismo y el peronismo se basan…en
una integración ilusoria de las masas populares a la vida pública”.
(9)
Sebreli continúa con sus enseñanzas al desmentirnos
rotundamente lo que generalmente se creía, que el fascismo
era producto de un país con cierto desarrollo industrial, por
el contrario nos asegura que las principales características
del fascismo se hallan en sociedades atrasadas como son los países
de Asia, Africa y América Latina y nos da una larga lista de
ejemplos: Khomeini en Irán, Nasser en Egipto, Ben Bella en
Argelia, Khadaffi en Libia, Vargas en Brasil. Ibáñez
en Chile, Villarroel y Paz Estensoro en Bolivia y por supuesto Perón.
(10)
Fácil conclusión se puede obtener de las reflexiones
de Sebreli: cualquier líder del Tercer Mundo que haya osado
enfrentar la soberbia imperial de los Estados Unidos o las potencias
europeas corre el serio riesgo de ser acusado de fascista ... por
Sebreli.
Tal vez alguien piense que estas teorizaciones no merecen demasiadas
consideraciones, pero tanto Sebreli como Felix Luna y otros intelectuales
acostumbrados a denostar al peronismo figuraron entre los adherentes
al proyecto alfonsinista en los primeros años de la democracia
iniciada en 1983, por lo que sospechamos que sus ideas cuentan con
muy buena recepción en ciertos círculos de clase media
que ven con muy buenos ojos cualquier alegato antiperonista.
No han faltado incluso aquellos que hasta con cierta alegría
veían la posibilidad de librar en el país la misma batalla
que se había combatido en Europa, tal el caso del líder
del Partido Comunista Argentino, Victorio Codovilla quién en
diciembre de 1945 afirmaba: “En este momento estamos librando
con retraso nuestra batalla contra el fascismo, y su variante nacional,
el peronismo”. Para decir luego que las elecciones que se aproximaban
serían “una batalla decisiva en la gran lucha patriótica
que sostiene el pueblo argentino para librar su país de las
garras del nazifascismo”. (11)
Rubén Zorrilla en cambio ve un claro ejemplo de corporativismo
en el decreto 23852 del 2 de octubre de 1945 conocido como Ley de
Asociaciones Profesionales y la ley 14250 del 29 de septiembre de
1953 conocida como Ley de Convenciones Colectivas de Trabajo (12) y que
constituyeron dos pilares fundamentales del sindicalismo moderno que
permitió el fortalecimiento del gremialismo obrero ante los
intereses empresariales.
Cuando se trata de atacar a Perón y el peronismo hay para todos
los gustos, pues para Julio Irazusta “…los ingleses tenían
en Perón un instrumento muy dócil y servicial”.(13)
Nos explicará más adelante que: “El increíble
enfeudamiento de Perón a la influencia inglesa no se explicaría
si antes no hubiese recibido apoyo alemán”. Según
Irazusta Perón apoyó al bando que perdió la guerra
por lo cual luego debió dar un giro para apoyar a los aliados
que vencieron, pero a diferencia de Franco que se hizo respetar y
negoció con los ganadores Perón no lo hizo con igual
dignidad. (14)
Hay un punto de coincidencia en las opiniones hasta aquí vertidas,
y se caracterizan por el mismo antiperonismo, nos remitiremos ahora
a señalar nuestra opinión sobre el peronismo y el fascismo
o nazismo.
Hay una primera diferencia muy elemental pero que al parecer muy poco
les importa a nuestros destacados intelectuales, mientras un movimiento
es argentino, los otros fueron fenómenos italianos y alemanes.
Aunque parezca un chiste no lo es, la situación era tan diferente
en Argentina y aquellos países europeos que cualquier comparación
no resiste el menor análisis. Pero dado que se insiste en las
supuestas semejanzas nosotros abordaremos las muy visibles diferencias.
El peronismo no sólo surgió de elecciones libres, sino
que se sometió permanentemente a la voluntad de los ciudadanos
sin la proscripción de ningún partido opositor, aunque
si tuvieron algunas restricciones en su accionar. Además los
partidos de izquierda también pudieron participar de los actos
electorales a diferencia de la persecución y la proscripción
a dichos partidos en Alemania, Italia y España.
Los países donde se dio este tipo de régimen habían
logrado un cierto desarrollo industrial y llegaron a un punto donde
necesitaban una expansión comercial y territorial que entraba
en disputa con las potencias que ya habían establecido su dominio
imperial.
Tanto el fascismo como el nazismo reconocen su base social en el apoyo
y financiamiento en la gran burguesía industrial y el sustento
de la pequeña burguesía, en cambio reprimió muchas
veces sangrientamente a la clase obrera y a sus partidos y sindicatos.
Por el contrario el peronismo se apoyó decididamente sobre
la clase obrera, llevando a la práctica reivindicaciones obreras
que eran reclamadas desde muchas décadas por los representantes
de los trabajadores.
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